Dominicana·Reflexión

Dos blancos buenos buscan negro pobre* – La experiencia de Ana y Alberto en Moca

On ne découvre pas de terre nouvelle sans consentir à perdre de vue, d´abord et longtemps, tout rivage. André Paul Guillaume Gide

 

Como todas las historias que acaban bien, esta tampoco tuvo un buen comienzo. Tras un tedioso sistema de selección de los voluntarios por parte de la Universidad de Sevilla, allí nos encontrábamos los dos en el aeropuerto de Sevilla, mirándonos con cara de circunstancia y repitiéndonos mentalmente una y otra vez. ¿Dónde nos hemos metido?.

 

Para nosotros poder trabajar en un proyecto de cooperación internacional es enfrentarse a la realidad de un mundo muy distinto al nuestro, a algo que solo vemos a través de la televisión, pero son muy pocos los que se lanzan a través de la pantalla a intentar que las cosas sean un poquito mejor. Enfrentarse a esta realidad significa mirar las cosas desde otro punto de vista, aunque los valores culturales no sean parecidos, todos los seres humanos compartimos una problemática y una esperanza que es independiente de la latitud y el meridiano en el que se nazca, por eso aunque no compartamos los modos de resolver estos problemas si compartimos su solución. Este es uno de los mayores aprendizajes de la experiencia en Moca.

 

Al girar una de las estrechas calles, se abría el espacio y el olor de la cañada se hacía presente. Un olor penetrante, incesante, agobiante. Las callejuelas caen serpenteantes hasta este punto. En su transcurso, las casitas se amontonan, se apoyan unas en otras y se derrumban, se caen, se pierden y otra la sustituye. La sustituye otra ligeramente mejorada, unos pesos que mejoren la segunda planta. Las esperas que se oxidan, la ilusión perdida. De esta forma nos acercamos a Salsipuedes, ya no existía esa pantalla para protegernos, esto era la realidad, y la realidad huele y mancha.

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República Dominicana, país en vías de desarrollo con unas fuertes desigualdades socioeconómicas, y Moca, como la expresión viva más alarmante de esta realidad. La revolucionaria ciudad de Moca, cuna de Antonio de la Maza, uno de los que acabó con la vida del dictador Rafael Leónidas Trujillo, cuyo nombre esta en las calles de las ciudades dominicanas junto al resto de sus compañeros, haciendo de esta ciudad la cuna del progreso democrático. Sin embargo, alberga en sus entrañas un barrio como Salsipuedes, donde ese progreso jamás ha llegado, considerado como uno de los barrios mas degradados del país.

 

El nombre del barrio ejemplifica bastante bien la configuración del mismo, calles muy estrechas que dan acceso a viviendas hacinadas con muy bajas condiciones de habitabilidad. El barrio está asentado sobre una vaguada de propiedad publica, y que por seguridad ante posibles crecidas del río ha de mantenerse libre. Este barrio responde a la tipología de asentamiento informal. Con el paso del tiempo se ha ido produciendo una tugurización del espacio, la densificación del barrio y por tanto la disminución del espacio de cada vivienda. El barrio carece de la posibilidad de extenderse por quedar acotado por uno de los lados por el río y por los otros tres por las vías principales de comunicación de la ciudad, creando un gueto.

 

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El proyecto trata la mejora del hábitat del barrio ampliando una de esas estrechas calles junto con una propuesta de la mejora de once viviendas y la construcción de veintisiete nuevas viviendas. Este es el inicio para una futura mejora del barrio, a través de procesos participativos que comienzan con la elección, por parte de los vecinos, de estas primeras viviendas a ser intervenidas.

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El proyecto aporta los materiales y la asistencia técnica, y son los propios beneficiarios los que han de construir las mismas, por esfuerzo propio y ayuda mutua. Esta forma de construir es muy común en bastantes países de América Latina, lugares como Uruguay, Argentina o Cuba, pero en República Dominicana supone una nueva forma de trabajar con este tipo de población, lo que supone otro reto más para el proyecto, harto ya complicado de por si. La necesidad de fortalecer a la comunidad, principalmente a los beneficiarios del proyecto pero también al resto del barrio, para poder llevar a cabo la construcción de las viviendas unido  a los problemas de una obra con escasos recursos tanto de personal como de materiales, hacían de esta empresa algo de elevada dificultad.

 

Es en este contexto en el que anduvimos durante tres meses, pero podemos asegurar que todos los problemas y discusiones merecieron la pena y que a la vuelta ya no había más caras de circunstancia, solo la pena de no poder haber hecho más. Al final de nuestra estancia allí, Salsipuedes ya no olía ni manchaba, pertenecía a nuestra realidad.

 

 

*Un guiño a una recomendación literaria imprescindible para entender la cooperación internacional actual.

“Blanco bueno, busca negro pobre”  Danny Peary. Ediciones Roca Editorial de Libros. 2011

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